Aquel niño que jugaba a programar conciertos, a colocar la banda y a soñar con la música... ayer, en la procesión de Viernes Santo, dio un paso al frente dentro de ella.
El tiempo pasa, pero la ilusión y la tradición permanecen.
Creciendo dentro de la banda, aprendiendo de quienes estuvieron antes y formando parte del presente y del futuro que está por venir.
Porque la tradición no se pierde, se transforma y se transmite generación tras generación.
Gracias por tu profesionalidad y compromiso, Blas Navarro.



